lunes, 19 de octubre de 2015

El lenguaje de las cosas

Deyan Sudjic no es un cualquiera, como poco Director del Museo de Diseño de Londres y entre otras cosas un autor que proporciona lecturas lo suficientemente divulgativas como para resultar entretenidas y lo suficientemente técnicas como para que no resulte una lectura del todo ligera.
"El lenguaje de las cosas" es una lectura más que recomendada para cualquiera, diseñadores, arquitectos, ingenieros y curiosos varios. Un repaso fugaz por los hitos históricos en los que el diseño y su lenguaje se han ido adaptando a los cambios, llegando a lo que hoy podemos encontrar en todos y cada uno de los productos de consumo.
Durante su lectura es fácil entrever la opinión del autor y su manera de pensar en relación a la cultura de consumo en la que estamos inmersos, lo cual le hace un personaje aún más interesante. Aquí una entrevista en El País para conocerle un poco mejor en lo personal: "todavía estoy haciendo las paces con mi pasado" .

domingo, 18 de octubre de 2015

Tomorrowland y Calatrava

    Teniendo pendiente escribir aquí algo sobre la película de Disney "Tomorrowland", que más adelante aclararé, coincidió que salía en El País un artículo-entrevista titulado "Polémico Calatrava", por Guillermo Abril (artículo aquí).
    Dejando la libertad suficiente para que cada uno saque su propia idea del ilustrísimo personaje y siempre sin quitarle sus méritos, que los tiene, en mi opinión es que él mismo se tiene en una tan altísima estima que llega a cotas inauditas, estando totalmente seguro de la inefabilidad absoluta al menos en lo profesional.
    Aquí es donde entra Disney y Tomorrowland a engrandecer la figura del arquitecto al elegir como escenarios para su "ciudad del mañana", habitada íntegramente por las mentes más eruditas de las ciencias, el arte y la cultura, las construcciones de Calatrava en Valencia.


viernes, 11 de septiembre de 2015

El viaje a Oriente

"No hay un solo rincón de esta residencia donde no anide el sueño"


    Supongo que tal vez sea un problema generacional, pero desde siempre (o desde que en mis primeros meses de carrera leí "Hacia una Arquitectura", sin entender demasiado) me han dado un poco de pereza los libros escritos por LeCorbusier. Ha sido por tedio y por no tener otra cosa a mano lo que me hizo acabar cogiendo "El viaje a Oriente", con un Corbu juvenil y dispuesto a dejarse sorprender  lo largo de un viaje envidiable.
    Me ha hecho gracia leer sus comentarios en relación a dos temas (además que de arquitectura, gente, paisajes...), sus opiniones sobre el tipo de mujeres con las que se iba cruzando en cada lugar, yo que pensaba que era un personaje bastante apático en este sentido. Y la fascinación que siente por los burros en Estambul, animal que creo despierta simpatías a cualquiera, incluso a mí que soy mortalmente alérgico a ellos.
    Hay dos cosas en las que además orgullosamente puedo decir que coincido con Le Corbusier, una es haber sentido la misma impresión en las mezquitas de Estambul, ese plano horizontal etéreo construido con las grandes lámparas y sus innumerables puntos de luz. También el respeto por esa cultura musulmana cuajada de ritos y de silencios, que queriéndolo o no tanto significado histórico y cultural tiene para todos los españoles.
Aquí algunos extractos del libro que a mi parecer más pueden resumir la manera de ver el mundo del que iba a ser uno de los arquitectos con más repercusión del S.XX.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Las novelas del verano



“A mitad del camino de la verdadera vida,
 nos rodeaba una adusta melancolía,
 que expresaron tantas palabras burlonas y tristes,
 en el café de la juventud perdida.”
Guy Debord

      Ahora mismo y con cierta melancolía cierro la hoja de la última novela del verano. Con él doy por terminado el estío y parece como si el peso de una, a veces deseable, rutina volviera sobre mi espalda, enfocándome de vuelta hacia el camino que supone ser mi destino.
     Cierro estos meses con lo que creo que es un libro golosina, pequeño y cómodo, y aunque dulce por momentos destila un trasfondo de trágica amargura que me parece me acompañará durante unos días. “En el café de la juventud perdida” de Patrick Modiano, un libro esencial y que guardaré entre los tantos candidatos a ser releído en un futuro que espero algún día llegue.
   

domingo, 30 de agosto de 2015

Esos libritos baratos del Vips

He caido muchas, demasiadas veces, en la tentación que suponen esos libritos baratos de arquitectura que en las tardes de fin de semana un ojea en el Vips. He de recordar que aquí lo único de provecho que hay son las tortitas.
Mi última adquisición fueron estos dos libritos, de "elements in architecture", detalles y materiales.


sábado, 29 de agosto de 2015

Recuperando viejas aficiones

En mi caso, es durante las vacaciones de verano el momento en el que me autoimpongo esos "propósitos de año nuevo". En esta ocasión mi intención es hacer el esfuerzo por invertir en tiempo de calidad todos esos ratitos de ocio que aparecen a lo largo de la semana y evitar en la medida de lo posible todo tipo de pantalla o soporte digital.
Retomo de esta manera mi pasión juvenil por el ajedrez, gracias al cual conocí a grandes amigos, que aún conservo, tuve maravillosas experiencias, grandes victorias y amargas derrotas. De manera que mientras unos hacen crucigramas, otros leen o se van a hacer running, yo recopilo de los periódicos que caen en mis manos partidas de ajedrez y las reproduzco tranquilamente en la terraza de casa, aprovechando que ahora el calor no es tan sofocante.

lunes, 6 de julio de 2015

Zurbarán

Estoy pasando una época especialmente mística, entre que me estoy leyendo "Caballo de Troya" (J.J. Benítez) y tanta celebración de los 500 años del nacimiento de Teresa de Ávila decidí que era el momento adecuado para ir a empaparme de Zurbarán en el Museo Thyssen y allí contemplar con medio santoral.
Antes de empezar me parecía divertido hacer mención a este San Blas que acompaña la introducción, patrón de mi parte manchega (Santa Cruz de Moya) y a cuyas fiestas hace mucho que no acudo más que nada porque el 2 de Febrero son fechas normalmente incómodas y porque el frío supera cualquier posibilidad de trascendencia.

San Blas. Francisco de Zurbarán. 1633