Tenía ganas de pasar unos días en Ávila, y más todavía que fueran días de invierno, con el frío y el estado de aletargamiento con el que se queda la ciudad a partir de ciertas horas. Totalmente abandonada a la niebla, a las sombras, un escenario perfecto para cualquier película de zombies.Aprovechando que en un post de facebook la gente ponía su rincón favorito de Ávila, y viendo que nadie coincidía conmigo, aquí os lo presento. Es la Plaza de las Madres, un pequeño desahogo en una estrecha calle de Ávila que se abre al Convento de San José y un ejercicio casi de viaje en el tiempo, de sumergirse en los colores de esta ciudad, en la espiritualidad razón de la frase: "Ávila, tierra de Cantos y Santos", en la quietud que viví innumerables mañanas camino del colegio acompañado del vaho saliendo de mi boca, la mochila, las prisas y el silencio plomizo de esta ciudad cada vez que el termómetro está por debajo de cero.







