sábado, 16 de octubre de 2010

primeras veces

escribía Almudena Grandes en la columna de contraportada de El País el pasado lunes 11:
"Recuerdo perfectamente mi primera vez. Ya no recuerdo del primer pitillo que me fumé, de la primera copa que me bebí, de la cara de mi primer novio. Pero recuerdo, igual que si los hubiera visto ayer, unos pies blancos y dorados mullidos, ondulantes, que se movían como peces desnudos ante los ojos desarmados, enamorados, absortos, (...)"

Yo volvía de Ávila, en el tren el Lunes por la mañana, demasiado pronto para concentrarme en una lectura más densa, así que fue el periódico el que me acompañó el viaje en tren. Tenía también vívida la imagen de una primera vez. Arrastrado por Teresa al Palacio de Congresos Lienzo Norte (de que ya me encargaré de comentarlo arquitectónicamente) a ver el Ballet de Ángel Corella en su gira por Castilla y León.




Sorprendido por lo rápido que se me pasó el tiempo, habiendo visto demasiada gracilidad, pero con la convicción de haberme gustado bastante (en general) y con ganas de repetir especialmente por la curiosidad de ver algo más clásico.

El repertorio que llevaba la compañía de Ángel Corella era:
Suire de Raymonda

La pieza más clásica de las que se llevaban, para mi la más anodina de todas las que vi, eso sí con unos solistas impresionantes, especialmente el que se llevó mi apelativo del Roberto Carlos de Raymonda y claro la potencia de sus saltos eran especialmente chocantes frente a una apatía general del resto del cuerpo de baile.

For 4

En resumidas cuentas, 4 bailarines, cada uno con una complexión y una expresividad distinta, singular y para mi poca experiencia la que más me gustó. Emepezaban los cuatro interpretando una especie de canon (además de una persistente intención por huir de bailar al unísono) para luego ir saltando y enlazando las distintas interpretaciones individuales. Cada uno de un color, cada uno además de representarse en disonáncia con los demás, el color como inconsciente relación a los distintos elementos de la antigüedad.

Soleá pas de Deux

Ésta es la pieza que podríamos decir principal, un poquito de tradición y folclore español para arrancarnos una sonrisa y alejarnos un poco de la gravedad de lo que ya veníamos viendo.
Todo el espectáculo en general resulta bastante "divulgativo", capaz de entrentenerse y deslumbrar a un público no demasiado especializado (como podía resultar en mi caso).
Aquí es donde se vio a aparecer a Ángel Corella y su hermana Carmen Corella. La confianza, y compenetración entre ambos era lo que hacía una delicia de ver. Sonreían, disfrutaban bailando juntos, llevados por la música incluso arrancaban ovaciones del público en plan torero. Magia entre ellos, magia también el la capacidad de evadirse de la gravedad de Ángel Corella, y en el vestido de ella extremadamente femenino y elegante.

DGV: Danse á Grand Vitesse


Con música compuesta por Michael Nyman (B.S.O. de El Piano, película) para la celebración del tren TGV (el del estrecho de La Mancha), una coreografía contemporánea, con una escenografía que bien podía ser una estación de tren deconstruida o el mismo túnel en una situación postapocalíptica; he visto arquitecturas muy similares en algún sitio. Se refiere constantemente al tiempo, a mi más que un viaje (como dice el panfleto) fue una concatenación de despedidas en el andén entre dos amantes, con sus llegadas y sus partidas.

1 comentario:

Fon dijo...

Pero ballet no era eso del oso en el coche?? No entiendo nada xDD

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