viernes, 4 de junio de 2010

Giorgio Grassi

Cuerpos troceados en edificios mudos
expían la ignorancia de la culpa.
Sólo falta una bandera, el estandarte de la Muerte
o el vuelo de los cuervos, o los lamentos medievales.
En esas ruinas alejadas de Lo Uno,
donde emerge la insistencia de Lo Nuevo
instalaré mi casa cuando el corazón se pare
y haré de ella el lugar de mis festines.
Entonces, instalado en mi día preferido
recordaré que estuvo aquí, primero, un arquitecto
que detuvo el avance de los necios
y les diré a mis amigos, a los inquilinos de mi ruina
que si en ella gozan de lo tosco y lo salvaje
es porque alguien concibió este páramo algún día.
No somos hombres. Somos vísceras lanzadas
contra el muro liso de esa arquitectura.

poema inédito. Giorgio Grassi 1990.

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